Este mundo te ofrece una hermosa gama de posibilidades. Desde el momento en que uno aprende a rezar de niño, a juntar las manos e implorar al buen dios que ilumine tu cabeza y seas un niño bueno y que sólo vivas para temerle a EL y sus posibles enojos. Esas mismas manos de niño que sirven más tarde para todo tipo de arte masturbatoria. Las mismas manos que señalan los culpables. Las mismas manos que señalan lo prohibido. Esas manos que tanto me tientan...